martes 8 de diciembre de 2009

De las Obligaciones

(Gabriela Benítez Sobarzo)

A mis obligaciones

(Pablo Neruda)

Cumpliendo con mi oficio,

piedra con piedra, pluma a pluma,

pasa el invierno y deja

sitios abandonados,

habitaciones muertas:

yo trabajo y trabajo,

debo substituir tantos olvidos,

llenar de pan las tinieblas,

fundar otra vez la esperanza.

No es para mi sino el polvo,

la lluvia cruel de la estación,

no me reservo nada

sino el espacio

y allí trabajar, trabajar

manifestar la primavera.

A todos tengo que dar algo,

cada semana y cada día,

un regalo de color azul,

un pétalo frio del bosque

y ya de mañana, estoy vivo.

Mientras los otros se sumergen

en la pereza, en el Amor,

yo estoy limpiando mi campana,

mi corazón, mis herramientas.


No creo ser la única estudiante de Derecho, que haya sufrido con el afamado cursito titulado con sencillez como “Obligaciones” y su más terrorífica secuela “Fuentes de las Obligaciones I y II”.

Son estos ejemplares jurídico-estudiantiles, los que nos hacen lo que somos: leguleyos memoriones y entrenados para clasificar, analizar y detectar cualquier tipo de vínculo contractual en las conversaciones ajenas.

Así tal, como los estudiantes de psicología se vuelven expertos analistas de personalidades perversas observando las características de sus amigos en las fiestas, los estudiantes de derecho se esfuerzan por tratar de encasillar los problemas en “obligaciones”.

Mis queridos, todos hemos caído en la tentación (o hemos querido caer en la tentación si es que no somos muy ávidos en las ciencias jurídicas) ya sea para repasar la materia o para solucionar un embrollo de papeles y promesas lloronas a algún familiar desesperado.

Pero más allá del dolor de muelas que provoca tan complejo ramo quisiera tratar de entender un poco el asunto de las acepciones de “obligarse a…”

Usualmente pensamos que somos seres libres, que no queremos amarrarnos, que no nos gusta comprometernos en asuntos tanto engorrosos como leves, pero usualmente caemos en la “obligación” de tener que cerrar el pico, poner cara de aceptación (a regañadientes), una sonrisa ligera y salir adelante mierda con la “diligencia”.

Pero estamos acostumbrados y nos damos cuenta que nuestro entorno cotidiano está cargado de obligaciones.

A veces este “deber” nos cae por:

1. Compromiso moral. Ej.: muerte de algún familiar lejano.

2. Error de cálculo. Ej.: estacionarse mal y chocar el auto del vecino.

    3. Trabajo. Ej.: necesito dinero.

4. Aceptación social. Ej.: “no te preocupes mi amor, iré yo”

    5. Evitar ulteriores consecuencias perniciosas. La más poderosa de las razones y en la que recaen todas las anteriores numeraciones.

Mis queridos, ¿a quién de nosotros nos gustaría faltar los lunes a la oficina, no tener que ir a visitar a aquel familiar de la pareja que nos pone en situaciones incómodas, o no ir a votar el día de las elecciones por el calor y las filas?

Las obligaciones de la vida nos llegan, porque las buscamos, aunque no las queremos, las elegimos, mascamos y tragamos con tanta normalidad y aceptando con hermosa ignorancia, conformismo, el peso de ser un ciudadano más, bajo el orden público social.

Parafraseando al gran Sartrè, somos seres obligados a la libertad. Obligados a elegir y en esa obligación perdemos y ganamos. Estamos condenados. Necesitamos obligarnos. Necesitamos levantarnos y saber “¿Qué haré hoy?” ,“¿Mañana?” y para los más aventureros y atrevidos “¿Qué haré con mi futuro’”.

Nos obligamos por adelantado, con crédito, a plazo, con condiciones e incluso considerando los casos fortuitos.

Nos obligamos a ser buenos: como padres, hijos, amigos, trabajadores, estudiantes y seres humanos.

E incluso obligamos a otros exigiendo fidelidad, pensiones, manutención, amor, atención y esfuerzos.

Somos seres obligotrónicos, obligárquicos, obligansiosos, intrinsecobligados, ingobligados y obligosos.

Ansiamos un mundo sin ataduras, pero aún así, nos estamos obligando a soñar en ello, a hacer algo con ello, a cambiar, nos obligamos.

En conclusión, no es malo obligarse, es algo humano, innato, natural y espontáneo.

Lo complicado es, saber qué hacer y tratar de encontrar la manera de que no nos duela tanto y encontrar aquella obligación que al final del camino nos cobre una sonrisa, nos entregue alegría y terminemos el contrato con la vida tan pacífica como deseamos en el mundo con el que tanto nos amarramos.

miércoles 17 de junio de 2009

Caida

Las olas sumergen con un salado de sangre y sal
Turbulencia
Arden las heridas del cuerpo
Humilde
Vulnerable
Oscilan, vuelven a nace en un ciclo de muerte que va y viene
Cada noche
Día
Mañana de un lugar extraño
Sombras
Sueño
Esperanza
Búsqueda
Y en su paso, ya no sabía si era el salar de mis lágrimas o que estaba con una ola revoltosa en el fondo del océano.

José

viernes 12 de junio de 2009

Altizar

Blanca como el uniforme que a diario usaba. Blanca como la luz de la luna en las noches frías
Blanca como las pastillas que ingirió. Blanca e iluminada.
Ya no está.
La dirección de su mirada indica el dolor y su maquillaje llanto. Su mano profesional retorcida.
Su cabello descuidado. su cuerpo como un harapo que la marea ha dejado en la costa esperando ser recogida. Un bulto articulado.
Nadie la ha visto aún, en su soledad espera silenciosa la sorpresa.
No hay carta.No hay señales de nada fuera de lo común.
Su ropa interior sobre la silla, su bata sucia subriendo asperamente su figura recostada.
Las cortinas corridas esperando que el sol la descubra.
La llave sigue goteando y todo está ordenado.
Como todos los días.
Como un día más.
Blanca. Blanca. Blanco

martes 28 de abril de 2009

38. Heleni

La inspiración me ha hecho pensar.
Me adhiero a sus recuerdos como mis hilos a la tela.
Se entremezclan sueños y realidades y no sé si me estaré volviendo loca o si es sencillamente el hecho de extrañar tanto a Mikel.
Esto de que anda trabajando tan lejos, no sólo me preocupa, me desanima y quiero pensar a ratos que está bien, aunque el egoísmo de mi corazón sólo espera que él, como yo, está tan desesperado y triste por nuestra distancia.
Creo que lo estoy atocigando psíquicamente y varias veces me he visto en ese ejercicio funesto de tratar de meter en su mente mis tristes momentos, pero me arrepeinto tanto de desear esto, que vuelvo a estar como el principio, desesperanzada.

37. Altizar


De seguro que debe pensar que soy una puta.
Eso es lo que piensan todos en las mañanas cuando me ven semi desnuda cuando estoy tratando de robar un poco de calor de sus espaldas.
No sé por qué lo hago, o por qué siempre llego a estas instancias. Quisiera poder ser interesante por mis conocimientos y carácter que por ésta imagen de mujer neo liberalizada y desconectada de los prejuicios sociales. Puras mierdas. En el fondo no soy más que una cosa y las cosas o se usan o se admiran.
Sigo estando soltera, y muchas veces incomprendida, porque realmente no quiero llegar a comprenderme ni que me comprendan. ¿Qué más da darse el tiempo y sólo busco calmar loa arrebatos que me hierven la sangre y volver a ser natural y sin ataduras?
Alguien, por ahí debería descubrir mi secreto, pero parece que lo que escondo no es lo mismo que guardan para sí el común de las mujeres.
Algo necesito, algo busco y deseo pero no lo entiendo, y cuando quiero escapar o llorar o silenciar, ya tengo manos en todas partes y saliva en mis manos y vestidos retirados. Quiero agradar, que me quieran, ser útil, porque en verdad ni yo me siento útil para mí misma.

Como encargada del centro de salud del puerto, tiene acceso a libre a las instalaciones y llaves de todos los armarios. Es así como para apagar las voces de culpa y los llantos nocturnos y mantener su sonrisa transparente y una cara despreocupada, ingiere con relativa frecuencia dosis de medicinas utilizadas para calmar las crisis de ansiedad de los pescadores, que según su informe han aumentado vertiginosamente.

Tengo 20 personas en mi cuerpo, según el informe, nada mal con tal de justificar el dolor que esos 20 han hecho en mí.

Vaso de agua, pastilla en mano. Se apaga la luz, camina lánguida a su cuarto y se dispone a olvidar todo lo pasado.


Gabriela

36. Edgardo

¿Qué puedo hacer?
Es anti ético, inmoral, muy bajo y extraño.
Dios, que me perdone por estos pensamientos si es que de verdad esto está sucediendo.

Hace ya dos semanas que Edgardo no se atreve ir a visitar a Heleni. Desde que en su voz segura y serena y en sus ojos el rechazo se le presentó de frente, que no se atreve a verla si quiera.

Tan fiera tan extraña y lejana... ¿Por qué a los hombres nos intriga e interesa más la mujer inalcanzable, la que es difícil y compleja y nos contentamos con los placeres y delicias que nos ofrecen las dulces florecillas dóciles y amaestradas que besan nuestros pies y limpian nuestro pecho a penas les miramos libidinosos y sedientos?

Gabriela

martes 7 de abril de 2009

35. Mikel y Artizar

Los días pasan y el trabajo continúa incesante.
El clima se ha vuelto frío y los conflictos comienzan a emergen en la barca.
En verdad no sé si seguir aquí. La soledad y la belleza siempre han sido dos de mis miedos y a pesar de las ganancias que se me vienen en el futuro próximo, siento que de alguna manera caeré en alguno de estos estados.
Desde la ribera todo se ve más calmo y en este pequeño cuarto todo se ve más sencillo de lo que parece. Mirar por la ventana y ver el atardecer desde aquí es algo que hace unas semanas me llenaba de regocijo y una sensación de fortuna y alegría. Ahora, todo se me vuelve oscuro y sucio.
Y no sé si será lo mejor el estar...

Tocan la puerta. Deja el lápiz y el cuaderno sobre la cama. A penas está iluminado con el pequeño foco que ha instalado sobre su estrecha litera.

- ¿Quién será? y ¿A estas horas?- Con lentitud y mente el blanco automáticamente se dispone a levantarse de su sitio y abrir - ¿Qué más da? De seguro vienen a invitarme un trago que no quiero beber y a conversar de cosas de las cuales no quiero hablar...pero en fin.
- Hola ¿cómo estás?
- ...Pero... Artizar...¿qué haces a estas horas por aquí?
- Pues estaba en casa y me pregunté como estaría tu salud, hace días que no sabía de ti y la última vez tenias aún algo de fiebre...y...pues... - Dijo Artizar entrando a la pequeña estancia de Mikel, observando todo y verificando con bastante obviedad la soledad en que se vive en una cabaña tan pequeña. - Además, como tú,también estoy sola. No soy de aquí, como lo sabes y a veces mi trabajo es un poco frío y me di cuenta que podríamos compartir algo. Toma te traje aceitunas rellenas.
- ... Gracias... Pero si nos conocemos tan poco.
- Por lo mismo, es una buena ocasión, ¿no?
- Pues, qué más da ya estás aquí. Anda, ¿qué te sirvo?- Dijo entre sonrisas y sorpresa pues Artizar no es de aquellas personas que se esperaba ver.
- Um... pues, ¿qué tienes?
- Algo de vodka... hielo, café ... té, de seguro que te sirves un té.
- Pues, viéndolo así me apetece algo de vodka.
Y sin rodeos, ambos, foráneos en tierras marinas comparten un poco de sus soledad.

Dios hace siempre cosas muy extrañas, heme aquí solo y lamentándome y me trae a esta chica, a la que le debo mi mejoría y salud.

Luego de varios silencios Artizar comienza.
- Es duro estar haciendo servicios aquí. Uno que viene de ciudad está acostumbrada a la bulla y las luces y a los bares y aquí pues parece que se ha detenido el tiempo, todo queda tan distante y como una no es de estos lados, me ha costado un poco hacer conocidos.
- Pero con lo guapa y simpática que eres hacer amigos no te debe costar mucho... emm ... - La sonrojada cara de Mikel y su tono picaresco espontáneo solo podrían soltar algunas risas nerviosas.
- No te creas, esto de ser enfermera creo que da un poco de temor a las personas aquí, o qué se yo, no sé...
- Pues no veo impedimento alguno por tu profesión, al contrario, los hombres suelen soñar con estar con una mujer que les atienda y les alivie el dolor

Las risas no se dejaron esperar, los 40º de alcohol empezaron a hacer efecto y entre secretillos y penas compartidas el roce de los brazos, las manos y las miradas empiezan a encender fuegos reprimidos.

- Uff... qué divertido, a pesar de lo inesperado de tu visita y lo desordenado que tengo aquí todo me hacia falta compañía, si es que justo me haz encontrado reflexionando sobre mis penas y ... que bueno es tenerte aquí.
- No te preocupes, ha sido una casualidad, pasa que, no sé me imaginé que como no eres de aquí y que como yo estarías un poco aburrido...
- Extraño la compañía de...
- ¿De tu novia?
- Umm... - un silencio en recuerdo de los suspiros enamorados de Heleni - No, no, no de mis amigos y familia. No soy muy sociable ni de bares pero en mi pueblo nos la pasamos muy bien tengo muy buenos amigos y padres y los extraño.
Querido Mikel, haz negado la existencia de Heleni, primer paso de su ausencia, primer momento de mentiras, luz de desapego, vaso medio lleno de la luz que trae Artizar entre sus vestidos claros y ceñidos. Tibieza que te entrega su melodiosa voz ante las delicadas letras de una carta que no respira que no huele que no toca y no habla. Cartas que has escondido bajo el colchón, secreto que te avergüenza ante la presencia independiente y real de esta mujer.

He negado a Heleni. Pero Heleni no está y nunca lo sabrá. Está Artizar. Qué guapa que es. Qué atrevida y segura. Qué mujer. Oh, Dios, me la has traido justo en el momento en que me veía deprimir.

-Quiero saber de ti, me intrigas, tan silencioso siempre, tan pensativo a ver confiame alguna cosa que yo no digo nada...
- Me pones nervioso, ¿sabes?
- Lo sé, por eso vine, para relajarte.

Un beso. Otro más. Sus manos en tu rostro, las tuyas retorcidas entre los endredones de la cama. La deseas, la deseas profundamente, pero le temes. Un beso más y su lengua entra tibia a tu cavernosa boca, tu lengua entra y sale de esta humeda guarida de placeres escondidos tras su pequeña boca que no es boca ya que es jugo, que es sabores, que es luces y algodones.
Tus brazos quieren abrazarla, tu pecho quiere sentir el ir y venir de sus pechos agitados. Su cabello claro y corto a penas roza tu rostro desarreglado y sin afeitar pero aún así su saliva es humectante entre tan secos vacíos de tiempo.
Su cuerpo se acopla al tuyo y las ropas son un impedimento más que avisan sobre el decoro y las buenas costumbres, pero ella desabrocha la blusa y da el pase al más suave de los contactos. Su boca musita tu nombre y tu cuerpo musita su sed.
Ya no importa nada, te pierdes entre las caricias y las risas, te internas en sus carnes que te acogen en dulces espasmos de vida y muerte. No hay futuro ni pasado, solo su presente infinito. Sus ojos claros entrando en los tuyos y tú entrando en ella. ¿Qué importa la litera vieja, el sonar ritmico repetitivo, el vodka, las cartas, la distancia, el mar? Si ella te entrega lo que quieres en una marea de emociones y sensaciones que pensaste no se repetirian por las horas de viaje y la pasividad de la niña tejedora que escribe cartas entre sollozos y sueños nostálgicos.

- Heleni...- susurra despacio entre un suspiro imperceptible entre los movimientos antojadizos y los gemidos suaves de la luz que ha entrado en tu pequeño hogar.

Gabriela

miércoles 14 de enero de 2009

Solía caminar por las calles sola, pero desde que tiene a su cargo a Roberto, siente culpa y a la vez cansancio de dejarlo solo en casa, despistado y con tantas dudas sobre su persona.
Más que mal ... pareciera ser que a Roberto no le ha caido muy bien esto de ser un no muerto.
Y no es agradable tampoco. Pero, hay una cosa más. Algo que no había sentido en estos 10 años. Es algo extraño, como, un instinto maternal que aún no se le ha ido del todo, esa necesidad de ser necesitado por otra persona...o no persona. Como sea.

El cuento está en que se siente bien, y contenta dentro de si de poder ser parte de la nueva vida de un individuo y que le cae bien y que le gusta y que de paso no se queja, mucho.

sábado 29 de noviembre de 2008

Altizar

Ojalá existiera una pastilla que te areglara la vida, que te ayudara a ver el futuro para saber qué cosas decir y qué cosas no.
Ojalá existiera la pastilla que a pesar de hacerme olvidar lo malo, no me dejase hueca el alma de experiencias.
Ojalá estás pastillas hicieran algo.


Gabriela

lunes 27 de octubre de 2008

34. Mikel


Heleni:


Antes que todo, debo darte las explicaciones de mi ausencia. Al recibir tu carta me he llenado de alegría y también de vergüenza, y claro, preocupación.


El trabajo ha sido duro y nunca me imaginé que una pesquera pequeña pudiera darme tantos problemas, encima que pareciera que Dios se ha ensañado con nosotros en este desierto rodeado de agua.


He enfermado, pero eso no ha podido ser suficiente como para poder desembarcar o descansar, pero me han cuidado muy bien y gracias a ello, me encuentro sano y acostumbrado a la humedad. De todas formas, aquí todos son muy buenas personas, y les he tomado mucho cariño, no solo como compañeros, sino que como hermanos.


Mis labores aquí han variado y he pasado por todos los puestos.


No te comentaré en detalle mi trabajo porque no quiero aburrirte con minuciosidades o a lo mejor no lo entenderás.


Te he extrañado, aunque no haya tenido tiempo para decírtelo. Mirando el mar pienso en el oscuro de tus ojos y al tocar la madera de la embarcación sueño con la tibieza y la suavidad de tu espalda. He soñado contigo, entre peces y brisas, tus cabellos parecieran rozar mi rostro como algas perfumadas y quisiera estar respirando el dulce aliento de tu boca que he extrañado en las mañanas donde sólo respiro el salar de las aguas.


Pero son sueños y despierto y me topo con el trabajo. Me gusta lo que hago, no me quejo y los ratos de descanso son una delicia entre pescado ahumado y vino, compartiendo las aventurillas del día con los compañeros. Sobretodo me gustaría que conocieras a Martín, este hombre ha dejado todo por venirse a pescar. Me cuenta que a pesar de que a su señora no le gusta que se ausente por tanto tiempo, no ha dejado de amarle ni atenderle y que incluso pronto será padre y eso lo tiene aún más animado para trabajar. Espero que tú también resultes ser tan abnegada o que por lo menos no cuestiones este trabajo, recuerda que lo hago por nosotros, por nuestro futuro y no queda tanto tiempo para que vuelva a estar junto a ti, y claro con el dinero suficiente para nuestros proyectos.


Ay mujer, tus cartas son a ratos tan desesperadas que me preocupas, pero insisto que las malas noticias llegan antes que las buenas, así que tú quédate tranquila que estoy bien, trabajando y trabajando.


Espero que estás bien y espero también que sigamos recibiendo noticias mutuas.


Heleni, mi dulce niña, tú ten calma, que pronto todo irá bien.


Las fotografías que te mando han sido tomadas con la Polaroid de Martín. Qué lástima que los colores no se plasmen tan bien como en la realidad, pero es para que conozcas a mi equipo de trabajo. Y veas que a pesar de que he bajado un poco de peso, estoy bien y vivo.


No desesperes mujer, que ya estaremos juntos.


Y como no soy bueno con esto de escribir, me despido. Y por favor, no te preocupes por mí, que estoy bien.


Espero una carta tuya pronto y saber noticias, no te prometo nada, pero trataré de contestar más rápido.


Te amo Helenilla


Te me cuidas.




Cariños





Mikel.


Gabriela



domingo 21 de septiembre de 2008

32. Carta a Verónica

Estimada Verónica:

Ruego disculpe la osadía de este pobre escribano que no ha podido resistir la tentación de echar a volar su imaginación y poner en práctica sus escasas dotes deductivas a la hora de querer arrojar más luz, o en este caso, gruesos trazos al lienzo inmaculado que representa este recién estrenado encuentro entre mademoiselle y un humilde servidor suyo. Aunque hagáis acopio de modestia (actitud ésta que os honra) no hallaréis en mi entendimiento rastro alguno en lo referente a vuesa merced que os iguale al rasero de lo mundano. Fuera de mi alcance está el enumerar todas las cualidades de mujer tan eminente; tan solo puedo alzar los ojos al cielo, cruzar las manos y decir: "¡Bendito sea Dios, que en una sola pieza puso tantas y tan admirables prendas del alma y del cuerpo!". En lo que a este pobre caballero venido a menos respecta, deciros que no se trata de ninguna fuente de delicias físicas ni morales. La portentosa figura o el garbo en el vestir son cualidades que no forman parte de mi patrimonio, pero me complace reconocer que una diestra habilidad en el trato humano encubre gran parte de mis carencias. Soy alma liberal y dadivosa, por lo que no dudaré en ofrecerle rauda y eficazmente mis más humildes servicios en el momento en que MiLady solicite mi ayuda, así como el sencillo hombre del vulgo acude ansiosamente empuñando el acero a la hora de defender su patria. En su anterior misiva se destilaba honda melancolía que no ha pasado desapercibida para persona aplicada en escudriñar los recovecos del espíritu, como un servidor lo es. Estoy convencido de que su navío resistirá los envites del destino, cualesquiera que estos sean, y tornará pronto en Galeón, orgullo de nuestra armada, preparado para salir airoso e indemne de las más crueles batallas navales.

Convengo con usía en que el tratamiento de señora a persona a la que tengo en tal alta estima no es, de ningún modo, el adecuado. La única intención de este humilde servidor suyo era la de poner de relieve todo lo noble y decoroso con lo que - a mi entender - cuenta su excelencia entre sus numerosas virtudes. Por la presente, mediando este pliego como testigo, pongo en conocimiento de su señoría que, a partir de este momento, en nuestra comunicación epistolar utilizaré para con vos el título de MiLady. Me despido, pues, deseando un feliz desenlace del fatídico malentendido y reiterando la incondicional pleitesía que le rindo. Bueno, ¿qué?, ¿follamos?

A sus pies se arrodilla un servidor y besa su distinguido guante.


Benjamin

domingo 20 de julio de 2008

28. Eso me dijo mi Susanita

Le dije que Gabo había empezado a los 27, que mi Hojarasca podría venir en un par de años más mientras mantuvieses la fe, mi Susanita linda. Pero parece que Susanita ya no podía más y éste no era otro de esos berrinches sordos que se solucionaban en la cama, a la luz de las velas bajo un te quiero sombrío, un espérame un poco más Susanita que aún no logro inspiración.

No, no era lo mismo, pues ahora tiraba mis pocas cosas por la ventana y lloraba en un zumbido de ventisquero taciturno, sí, ahora Susanita explotaba en un tormento de palabras que me decían que madures, que te bañes de una vez, hediondo de mierda, deja de soñar con la bohemia de un mundo en que las cuentas las paga Moya. Que si por si acaso no lo notaba, ya no fumaba marihuana y que tenía una vida y una apariencia que mantener, no como tú, vago de mierda me decía. Que mi Jefe me mira con ojos de encanto y futuro promisorio; futuro que yo, el mismo pelafustán que conoció idealista hace ya más de 6 años carretiando en la Universidad, no podía darle. Que no crecí nunca como ella esperó y que mi barba ya no parecía de intelectual sino de borrachito incólume. Que la salud, el hambre y las cuentas, niño burbujita. Que el celular viejo y derruido en su bolsillo. Que el agua fría y mis amigos lanas pechando la comida que apenas sobraba. Que era un niño que no podía darle a ella una familia respetable como cualquier otra, que mis constantes impareceres y socratismo se fueran al diablo porque tu alta filosofía, artista de porquería, no dan para criar al bebe que nunca, nunca me quisiste dar; desgraciado -me decía- ni ese consuelo me dejaste. Que mi maldito eclectismo ya le parecía ser de un tibio cobarde que no lograba definirse en nada concreto por temor. Que ya no estaba para Cartagena, que no quería más Piojera, que la luz de mis ojos ya no era azul rebelde como un fuego fatuo y que era mi panza obtusa ahora la incendiaria flamígera de nuestro amor que se rompía a pedazos como mi vida, mi vida consagrada a ti por tanto tiempo me decía llorando mi Susanita.

De todas formas, yo me quedé tranquilo, ahí, impávido, incólume, prefiriendo no decir nada más, sintiéndome seguro en la experiencia de Gabo, en el amor despechado que siempre llegaba después del silencio dulce. La verdad es que poco me importaba, la sarta de verdades que Susanita el huracán, Susanita mi primor, Susanita la fiera de grandes muslos y olor a primavera me echaba encima. De hecho, más bien, imaginé desde cuando habría de haber pensado todo lo que me dijo. Probablemente desde que yo dejé de ser algo para ella o ella empezó a ser algo que yo no vi detrás de mis gafas sucias, sí, eso pensé, sí, linda frase para ser escrita -pensé también. Por que como te digo, poco me importó ahora que lo recuerdo. Después, Susanita me miró con ojos de que le dijera que todo iba a estar bien, que aceptaría el trabajo de su tío, que sí, que ocuparía corbata y me haría ciudadano de primera clase; sí Susanita, cambiaré por ti -pienso que pensaría-, sí Susanita, el sueño ha terminado, es hora de crecer, tienes la razón. He despertado de la modorra amotivacional Susanita y te amo mucho como para perderte amor mío, Susanita mía, flor de mi existencia, único poema que he escrito, tengamos un bebé, que de tu seno nazca al fin la niña de tus ojos, Susanita de mi vida, tendremos una familia, vacaciones en cabaña, domingos en el mall, Susanita de mi corazón todo será distinto desde éste día de abril en que he despertado altivo por el conjuro que exorcizó el demonio del ocio en mi. Susanita mi flor azul, mi querida, mi todo, mi razón de ser.

Eso pienso que Susanita imaginaba en esos momentos, en ese momento en que su furia ciclónica se había apaciguado para convertirse en un llanto quedito como de niño asustado. Sí, eso creía que pensaba mi Susanita con ojos de cabro guacho, con el tormento sincero en la mirada. Pero Susanita también sabía un poco de lo que yo podía pensar, no te diré yo, que a pesar de todo, recordó lo que le había enseñado y cual ojo de huracán, la calma era sólo pasajera. Susanita terminó lo que había empezado, terminó su zumbido de mar enfurecido con algo que si me importó, con algo que no dejó espacio alguno para la persuasión amorosa ni para quedar incólume como siempre lo había hecho. No, Susanita sabía bien, sí, había pensado mucho desde que dejé de ser algo para ella. Las noches solitarias y el constante y tedioso recorrido en la micro habían catalizado bien todo lo que habría de decirme Susanita la amargada, la dedicada a un hombre que la tenía cansada de pelear contra el olvido. Las cosas habían sido meditadas cabalmente esa noche aciaga en que mis cosas habían volado por la ventana, sí, eso era, lo había pensado mucho desde que yo ya no era nada en su biografía particular, me rectifico ahora que me doy cuenta. Tales palabras sólo podían haber nacido del fruto de mi desidia, de la fuerza de su rencor, de la vida que se le vio arrebatada por el ahora extraño idiota que echaba como a perro con tiña.

Tus sueños locos me dices -me dijo Susanita-, tus sueños locos y los 27 años de Gabo hechos Hojarasca recién a esa edad, Francisco mi hombre. Tu esperanza de 25, de los dos años en que venga la gran epifanía a tocarte -dijo bien Susanita- y de hacer de las musas un verso perfecto en el arte de narrar son tu consuelo y tu éxito potencial, ¿no, mi Panchito?, ¿mi primor adolescente, mi inventor de soledades, mi leyenda brillante, mi poeta entumecido?... ¿y Rimbaud, mi chanchito?, ¿olvidaste a Rimbaud tan pronto, amante mío? -dijo letal mi Susanita- Rimbaud empezó a los 19 y terminó a los 21. Francisquito mi niño iluso, mi niño sin excusas… es hora de marcharte. Eso me dijo mi Susanita.

Claudio

lunes 16 de junio de 2008

25. Heleni, Carta en Soledad

17.Junio
Querido y amado Mikel:

Siente mi soledad.
Espero que esta carta llegue a tus manos, que puedas entibiarla y poder evaporar con tu calor las lágrimas con las que he mojado mis pensamientos.
Te extraño y no sé nada de ti. Me haces falta, hasta respirar me es dificil sin ti
¿Dónde estás,qué haces?¿Qué pasa Mikel?

Solo tú me conoces, así como soy y no entiendo cómo sabiendo lo sensible que soy y lo mucho que te adoro, no he sabido nada de ti, en este eterno y fatigoso mes.
Además me han pasado muchas cosas extrañas, he tenido que hacerme la fuerte sin ti, he tenido que actuar frente a la gente. Busco ser aceptada y siempre soy cortés. Tengo mucho miedo a ser rechazada y olvidada.
Me siento tan insegura Mikel.
Lo único bueno es que he tenido mucho trabajo con lo de los bordados. Eso me distrae a ratos. Pero... hay veces que siento queno puedo más con nada.
No sé. Me he dado cuenta que siempre ando buscando cariños y palabras, que sólo tu puedes darme con esa dulce facilidad que tienes para complacerme.
A mi lado hay gente que no anda exigiendome nada, que me ofrece su hermosa amistad pero, me siento frágil, débil, fea, cobarde, incluso lenta para entender lo que se me dice.
Estoy perdida Mikel, sin ti, estoy perdida.
No es que me quiera matar o ande llorando. De hecho, quiero vivir más que nadie, esperando tu regreso quiero hacerme eterna si es necesario.

Hoy no estoy bien.
Eres el único que me conoce. Desde que me despierto, hasta que me duermo. Me das seguridad, que ahora no tengo por tu partida.
Solo contigo no me da vergüenza mostrar mi barriga, ni decir incoherencias, sólo contigo discuto y lloro. Sólo tú aguantas mis arrebatos y soportas mis ignorancias e inocencias. Contigo puedo ser ingenua, contigo puedo andar sin maquillaje, contigo puedo conversar y ser feliz, contigo puedo perderme, contigo Mikel.
Cómo te necesito.
Te necesito en casa, cuando llegas del trabajo, distrayéndome con tus proezas diarias. Te necesito para que me hables de tus cosas y me cuentes tus geniales ideas. Necesito tus dibujitos y tus cervezas, necesito que me abraces, que me beses.
Mikel me siento tan sola, pero con tanta gente a mi lado. No quiero ser mala con ellos y mostrarles mi pena. Porque mas que mal siempre estan conmigo acompañandome y escuchándome... pero sólo tú sabes cómo soy sin tener que explicar nada sin tener que poner sonrisas... sin, nada.
Yo creo que es porque te amo y me puedo dar el lujo de ser quien soy
Qué pesado es todo sin ti.
Sé que hubiera sido más agradable escribir cosas más alegres, y situaciones más divertidas
Pero no puedo. Mis pensamientos nada más son oscuros sin tu luz.

Por favor Mikel, dejame saber de ti
Necesito noticias tuyas urgentemente.

Mikel, te amo.

Tuya,

Heleni

Gabriela

domingo 8 de junio de 2008

24. Heleni, La espera

Llevo demasiados días sin saber cómo está, un final de otoño... iniciando un invierno y aún... no llama. Será que... ¿no volverá?

Heleni pensaba en cómo lo estará pasando Mikel, ha sido un año tan pesado y frío, y él, de pastor, entre tanto viento. Es inevitable pensar en cómo estará, en si estará bien, en si la recuerda.

Heleni miraba por la ventana mientras cosía calmada una nueva servilleta para la señora Iturriaga. "¡Es que Heleni cose tan bien! La vieras, con sus deditos de ángel la muchacha es ¡uff! un milagro entre tanta artesanía ordinaria".

- Será que las cartas no llegan o tendrá el teléfono malo. He sabido que ha habido muy mal clima, que con las últimas lluvias se han cortado las comunicaciones.


- Puede ser, pero no se angustie más por favor. Debe usted estar en calma, vamos, veamos cómo va esa servilleta, ¡vaya! Es usted una excelente cosedora.

- Siempre halagando mis pequeñeces Edgardo - Dijo sonrojada Heleni. Le llamaba la atención lo mucho que se preocupaba el señor Ascui, que ahora podía llamar con toda confianza de Edgardo desde aquella sesión en que ambos pudieron contar sus problemas. - Es usted tan amable, ya verá, le coseré un hermoso juego de... ¿Qué le gustaría que le hiciera?

- Pues, suelo dormir muy mal, me gustaría que me hiciera una sábanas que pudieran ayudarme a dormir, jajaja, de seguro que sus manos pueden hacer eso. - Rápidamente cambió el rostro de Edgardo de una risa a un tono serio y preocupado, con sus mejillas sonrojadas, pero que por suerte suelen estar escondidas tras una muy bien cuidada barba - Pero es una broma Heleni, no te preocupes, que es una broma, no necesito nada, no te lo vayas a tomar en serio.

- Jajaja, Ay Edgardo, ¡qué me sonrojas! No te preocupes, te haré un regalo.

- No, no, no. - Dice moviendo las manos Edgardo - Me niego, nada más tu presencia me es suficiente.

Ambos se miraron en silencio, Edgardo se ha sonrojado y bajado la vista. Heleni lo mira fijo y sin la sonrisa que tenía hace unos minutos. ¿Será posible que Edgardo, el honorable señor Ascui...? No, él es un buen hombre. Un amigo preocupado y viudo. Que entiende mis problemas y la agonía de la lejanía de mi amado Mikel.

Pero Mikel no llama. Y con los avances tecnológicos... No hay excusa, además, pareciera que no quiere enterarse de que ...


"-Mire, señorita Noriega, lo que usted siente es angustia. Yo también la he sentido. A ver si con mi historia le puedo ayudar.

-Pero dosctor Ascui, yo nada más vengo a...

-No se preocupe, ayúdeme usted también a mí Heleni. Y llámeme Edgardo, por favor."



- Ay, Edgardo, me da... pues... tengo como una cosita aquí en el pecho que me dice que algo malo ha pasado con Mikel, es que... no sé... es un presentimiento con el que me desperté hoy.

- Heleni, deja de pensar esas cosas, que terminarás deprimiendote, mira, debes de tener razón el clima anda malo por allá... O a lo mejor, no quiere hablar contigo ¿Has pensado que a lo mejor Mikel... está... formando otra vida, ya?

- Ummm... lo he pensado, pero, es que... no lo sé, no lo creo. - Heleni se ha empezado a irritar, no le parece correcto que alguien que no conoce la dulzura de Mikel opine de él como si fuera un desprendido, como si se hubiese olvidado de ella.

- Heleni, debo decirte algo - Era inevitable, 1 mes conversando en su espaciosa y tibia oficina, 1 mes conversando intimidades y compartiendo secretos, 1 mes hablando en privado, llorando a veces, 1 mes de embarazo que sólo Edgardo parece conocer, 1 mes en que no he sabido de Mikel. Pero es sólo 1 mes. Mes en que no ha dejado de amarlo. Mes en que lo recuerda en cada movimiento, en cada trocito de ciudad. Sólo ha sido 1 mes. ¡Dios! Edgardo no debe de confundirse. Con los ojos que me mira, de seguro es para decirme...

- Dime, ¿Qué pasa?

- Pues, es que... Heleni, yo...

- Edgardo, por favor. Yo no sé mucho de estas cosas de amor ni nada y puedo ser muy bruta con mis sentimientos a veces, por favor, antes que me digas cualquier cosa, por favor, piénsalo, cierra tu boca y déjame sola. Debo terminar este trabajo, debo concentrarme en mis cosas. No quiero problemas. Gracias por venir a verme hoy, pero hoy, como me ha pasado en otras ocasiones, me siento un poco agotada y triste, triste de esa tristeza que debe vivirse sola. Estoy preocupada por Mikel y prefiero que mejor te vayas. Mañana podemos hablar, te pasaré a ver a tu oficina. - Fría como nunca, Heleni se puso de pie, tomó la mano de Edgardo a modo de despedida y lo encaminó a la puerta de salida de su pequeño departamento.

Edgardo, estaba sorprendido. Pretendía decir algo en relación a su cariño, a su amor que pareciera nacer en cada visita que se hacían. Pero parece que Heleni lee los pensamientos, como sospechaba. Y ha detenido algo que ella no quiere escuchar, mas, lo sabe.



Sin reproche, Edgardo toma su abrigo, despide a Heleni con un beso frío en la mejilla

- Heleni, cuidate, hablamos mañana, ¿te parece?

- Me parece genial, pero por ahora...

- No te preocupes, te entiendo.



Gabriela

sábado 31 de mayo de 2008

15. Madera (parte 1)

Victoria iba caminando en dirección a su trabajo, sobre la vereda dura, en donde muchos, como ella, caminan todos los días. Hoy sentía la ciudad más contaminada, más sucia y más ruidosa que otros días; de repente sintió la presencia de alguien que tocaba su hombro ¡hola!, dijo él, era Leonidas con su mirada penetrante y su sonrisa a flor de piel. Le saludo con afecto, posando un beso sobre su mejilla, prometiendo llamarla más tarde para concertar una cita en la cual pudieran conversar, con más tiempo. Él se alejó y en ella quedó su perfume. No sabía, qué era lo que le gustaba de su perfume, luego supo y era ese exquisito olor a madera; sí, ese perfume le gustaba y le identificaba, recordándole su niñez…

…Ahí estaba, a sus ocho años, con su pelo recogido, su vestido rojo y descalza. En aquella época su padre, administraba bosques de pino, en un lugar llamado “Colmenares”, en la Región del Maule. Él tenía a su cargo un gran número de personas que trabajaban en un Aserradero. Extraían del bosque pinos, los cuales eran clasificados por diámetro; una vez clasificada la madera, ésta era enviada, en camiones, a una Fábrica de Cajones de quedaba a unos 90 kms. de aquel lugar. Este trabajo daba sustento a un gran número de familias; sin embargo, esto les implicaba vivir en el campo, ya que en aquel tiempo no existía una infraestructura vial adecuada.

Todo este entorno, otorgaba al lugar el escenario perfecto para los juegos de Victoria y sus amigos; algunos de los hijos de las familias que radicaban ahí. Eran María, Marcelo y José; María, tenía la misma edad de Victoria; Marcelo, era un año mayor y José era el pequeño, su mascota. Tenían a su disposición grandes zonas de bosques de pinos, de los cuales se obtenían los castillos de madera y el aserrín. Pasaban días enteros jugando; en los castillos, a las escondidas; en el aserrín, hacían pelotas y se las tiraban encima; en los bosques, al atardecer, ya muy cansados, solían recostarse sobre la paja, contemplar el cielo y escuchar como el viento atravesaba los pinos, creando canciones.

Su abuelo vivía en el campo y se dedicaba a hacer muebles. Para Victoria su abuelo era una suerte de mago. Sí, pues de un trozo de madera, sacaba una silla o una mesa. Victoria le pidió que le sacara un pizarrón, para jugar a la escuela con sus amigos. Pasado un tiempo, ahí estaba, como por arte de magia; su pizarrón era negro, mediano y de textura suave; en muchas oportunidades jugó con María, Marcelo y José.

(...continuará...)


Raúl

14. Rebelde

Estaba el otro día comprando en uno de estos supermercados en miniatura con nombres gringos cuando me di cuenta que de los ocho productos que tenía en la mano, sólo uno era necesario. Los otros siete tenían la suerte que andaba con un poco más de dinero y los ayudé a cumplir su misión en la vida. Hice la fila para pagar en la única caja (supermercado en miniatura), y cuando llegué frente a la cajera (tan gringa también, masticaba chicle), me quedé mirándola un rato. No sé qué habrá pensado. Quizás que le estaba coqueteando. Y, sin decirle nada, volví a los siete estantes a devolver los siete productos innecesarios, disculpándome con cada uno de ellos: "tal vez alguien te necesite, o, más probable aún, tal vez te lleve alguien a quien no le importe comprar cosas que no necesite". Volví a hacer la fila, y cuando llegué, la cajera me miró con cara de nervio. Le sonreí, la saludé. Pagué. Salí del supermercado en miniatura. Y me prometí a mí mismo que la próxima vez que entre a uno será cuando lo destruya.

Roberto Vallejos

13. Heleni, La fría distancia


Los días fríos Hacen que te recuerde más vivamente Que vuelva a sentir tu mano Entibiando la mía. La brisa gélida del invierno Que roza nuestros rostros Sea la justificante de un beso Que sacuda la escarcha Y sonroje mis mejillas Con tu labios De sangre caliente.
Caminar por las calles Aunque sintamos el tiritar de nuestras extremidades Sólo por el placer de sentir en casa El calor de tus abrazos Que remueven cada tramo del frío adherido A mi piel enrojecida Por el viento.
Hoy es un día de invierno Y no estás Y siento frío Sólo me queda cubrirme con una manta Y acercarme al falso calor de la estufa.
Mirar la ventana Y esperar A que vengas Y me saques El azul El blanco El hielo Que mi cuerpo ahora Suele llevar.


Gabriela

domingo 25 de mayo de 2008

7. Edgardo, El viento.


Ummm... Recuerdo como me sentía el día que murió Elisa. A lo mejor, mi rostro, que no atreví exponer a los espejos, se veía así... húmedo, sonrosado y desfigurado por el ... ¿dolor? ummm ¿Y cómo me curé yo de eso? Porque, es cierto, lo pasé mal... pero ahora me encuentro... ¿bien?. ¿Qué le digo a esta jovencita desconsolada? ¿Que ore a Dios?¿Que vaya a un prostíbulo?¿Que se beba una botella de whisky?¿Que se dedique al estudio?¿Que se vaya de viaje?.
Qué difícil es dar consejos. Sobretodo cuando uno ha vivido algo similar y no sabe cómo se está tan tranquilo.
A lo mejor no estoy de lo mejor, siempre he pensado que mi vida es demasiado calma luego de ese hecho. ¡Qué bah! Ahora estoy cuestionando mi existencia por una paciente desorientada. ... Algo debo hacer ...
Se puso de pie Y vió su iluminada oficina Quiso llorar Quiso sonreir Mas, no salió nada Sólo la ventana que se abrió un poco con el viento ... que dejó entrar un poco de polvo elevado por el ir y venir de las brisas.

"Polvo eres y en polvo te convertirás"

Escuchó decir en un silbido que lo dejó helado.


Gabriela

martes 20 de mayo de 2008

2. Heleni, La causa otoñal

Y pensaba ella... mientras miraba las hojas correr en el jardín que se divisaba desde la ventana:

"Al caminar por las calles de paredes grises y el adoquín húmedo, se me viene al cuerpo, tu nombre. Verte en la lejanía del caer sutil y suave de las hojas anaranjadas por el pasar del tiempo es recordar, con las brisas que mecen suaves las ramas, tu aliento, explicándome el por qué de tantos otoños. Ahora no hay más que silencio, la luz clara de la mañana sin sol. Esa luz que me recuerda el brillo de las discuciones tibias entre las sábanas besadas tantas veces... que ahora han de yacer frías y sobretodo lejanas e inanimadas, con el calor de otros soles. Ahora nuevamente, estoy aquí, seguida de mi soledad, deambulando por las calles grises bañadas por el oro de las hojas caidas por el viento que anuncia la próxima llovizna"

Siente que nuevamente abren la puerta. Y calla sus pensamientos


Gabriela

sábado 17 de mayo de 2008

1. Edgardo, Dolor de pecho


- Duele - dijo ella entre sollozos -... duele aquí - Poniendo su mano en el pecho - ... duele ... sencillamente... aquí ... me duele.
- ¿Pero es como un ahogo?
- Más o menos... es como si tuviera una gelatina que quisiera salir y explotar y se tragara todo mi aire y me duele esa presión ...

El doctor se separa un poco de su paciente, mira hacia la ventana que da a un hermoso jardín otoñal, la mira una vez más, afligido y se dirige al pasillo. Llama a su enfermera que espera calma en el pasillo. Pide que se acerque, le habla en voz baja.

- Creo que es más grave de lo que creía, señorita Jimenez.



Gabriela